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Croacia

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16 motivos para conocer Croacia

Azul, luminoso, natural y lleno de vida. Son muchas las razones por las que debes descubrir Croacia, pero aquí tienes las imprescindibles.
Es el Mediterráneo tal como era, o tal y como lo conocieron tus abuelos, pero sin duda tal y como te va a encantar conocerlo a ti. Azul, luminoso, natural y lleno de vida. Croacia es la grandeza del contraste, el azul infinito de la costa, el escalofrío de su interior verde y montañoso, la luz de su tierra fértil, donde se suceden interminables hileras de viñedos y frutales, el blanco inmaculado de sus cascos antiguos llenos de historia, la música de las terrazas donde nunca se pone el sol y el gusto por la estética de sus habitantes. Son muchas las razones por las que debes descubrir Croacia, pero aquí tienes las imprescindibles.
 
1. LAS MIL TONALIDADES DEL AZUL
La paleta cromática de la Costa Croata es inabarcable y absolutamente espectacular, tan solo comparable a la fuerza luminosa del cielo que la envuelve. Te quedarás sin adjetivos para calificar al azul del Adriático y no tardarás nada en comprobar sus propiedades antiestresantes. Adictivas.
 
 
2. EL CLIMA
El sol será uno de los grandes protagonistas de tu viaje. La media de horas solares que recibe este privilegiado enclave es de 2600 por año. Aliado de un clima suave y agradable, donde siempre apetece pasear, y de una naturaleza rica y exuberante que te invitará cada dos pasos a sacar la cámara e inmortalizarla. 



3. LA COMIDA
Cercana pero con un punto centroeuropeo que invita a seguir probando. Disfrutarás de todas las bondades de la dieta mediterránea más un extra de exotismo. No dejes de visitar sus mercados de flores y frutas, sus restaurantes de pescado y mariscos donde encontrarás ostras a muy buen precio, y no te vuelvas sus probar sus dulces.

4. EL PRECIO
Te sorprenderá gratamente pagar la cuenta de una cena con vistas, de un café en una de las mejores terrazas de la costa o de un vestido de diseño. En general, el precio de la buena vida es mucho más asequible que en España, y podrás sacarle todo el partido a sus muchas tentaciones.



5. LA HISTORIA
La accidentada, variada y apasionante historia del país se remonta a la Edad de Piedra, pero si no quieres irte tan lejos, basta con que disfrutes de los muchos cascos antiguos que vas a encontrar en tu camino. Microcosmos de piedra blanca donde el tiempo parece haberse detenido, ganando en belleza con los años.

6. LA CULTURA
Como todo cruce de caminos, Croacia ofrece numerosas oportunidades para maravillarte ante la fusión de sus tradiciones y la velocidad con la que han integrado los cambios. La música, la artesanía y el folclore de sus pueblos conviven en perfecta armonía con el cosmopolitismo vanguardista de sus ciudades más turísticas. Vive lo mejor de los dos mundos.



7. LOS VIÑEDOS
El interior del país es verde esmeralda y está plagado de viñedos, una tradición recién recuperada que vive con ilusión su nuevo estreno. Haz una ruta por sus bodegas y descubre sin prisas sus vinos afrutados y cálidos, perfectos para una larga sobremesa.



8. EL PARQUE NATURAL DE PLITVICE
Déjate atrapar por la belleza de uno de los escenarios más bellos del mundo. El recorrido que atraviesa los lagos de Plitvice, sus bosques frondosos y el espectáculo de sus cascadas es inolvidable.



9. LAS ISLAS
Son 1185 y sólo 66 están habitadas, pero no podrás dejar de admirar el buen gusto de sus moradores. Para recorrer la costa dálmata lo mejor es subirte a un barco, pero si además quieres hacer parada y fonda no dejes de visitarHvar, la isla que huele a lavanda y que se postula como el nuevo templo del glamour mediterráneo; Brac, blanca, sofisticada y montañosa; o Korkula, donde nació Marco Polo.



10. LAS PLAYAS
Arena blanca, cielo limpio y un mar azul turquesa que parece encargado por algún pintor impresionista. Sin duda las playas son una excusa excelente para dar esquinazo a tus problemas y tumbarte a la bartola como si no hubiera un mañana. La imagen más espectacular la regala el cuerno blanco de la playa de Zlati rat, en la isla de Brac, pero en general todas las islas son perfectas para ponerle nombre a tu lugar en el paraíso.

11. LOS BARCOS
Esta claro que la mejor manera de descubrir los 1.700 kilómetros de la Costa Dálmata es a bordo de un barco. Una idea que desde siempre han compartido los croatas, de modo que no te resultará muy difícil alquilar un barco y hacerte marinero, o apuntarte a cualquiera de los muchos cruceros y mini cruceros que transitan constantemente entre sus principales puertos.



12. EL PALACIO DE DIOCLECIANO
El corazón de Split, el principal puerto de la costa, late al ritmo de uno de sus habitantes más ilustres, el emperador Diocleciano, que decidió construir un Palacio a comienzos del siglo IV después de Cristo para terminar en el sus días. Hoy, los 38.000 metros cuadrados de planta del Palacio, en perfecto estado de conservación, convierten al casco antiguo de Split en un lugar único en el mundo. Imprescindible pasar un atardecer en el Peristilo, dejando que la magia del lugar te cale hasta los huesos.



13. EL STRADUN
La calle principal de Dubrovnik es uno de esos escenarios perfectos dónde todo parece ser posible. La distancia que conecta a las dos principales puertas de la ciudad esta llena de edificios históricos, tentadoras terrazas y viajeros maravillados que no saben dónde posar la vista.



14. LAS MURALLAS DE STON
La segunda muralla más grande del mundo después de la china, esta en la pequeña y coqueta ciudad de Ston, por cierto también famosa por sus deliciosas ostras. Puedes visitarla, recorrer parte de sus 7 kilómetros de largo y alucinar con las vistas. Te sorprenderá.

15. EL CEMENTERIO DE MIROGOJ EN ZAGREB
La muy centroeuropea capital de Croacia cuenta con un maravilloso cementerio de finales del siglo diecinueve. Arcadas, cúpulas y estatuas de mármol completan la magia romántica de un recinto que se empina sobre las apretadas calles de la ciudad y que no te dejará indiferente.
 
16. LOS ATARDECERES
Del romántico al muy romántico. En general los atardeceres de Croacia son un espectáculo visual que te acompañará siempre. Consigue un asiento en primera línea de mar y deja que la fuerza de la naturaleza haga el resto.
 
Croacia formará parte de la Unión Europea el 1 de julio de 2013. Será el miembro número 28 del club comunitario. El entusiasmo inicial del ingreso ha ido cediendo ante el escepticismo que produce la pertenencia a un club de dudosa reputación. La crisis económica y las medidas para atajarla no son muy populares en el país balcánico. La llegada del euro y el abandono de la kuna –el verdadero ingreso en la UE– no se espera hasta dentro de unos años, pero, de momento, el 1 de julio es un buen día para calibrar la reacción de los croatas. En Hvar, habrá fiesta. Estamos en Hvar; aquí, en verano, siempre hay fiesta.
De Split a Hvar hay una hora en ferry. Algunos la llaman la Capri croata; otros, la Ibiza, la Saint-Tropez, la Madeira... Hvar es Hvar, la isla croata más célebre de la costa dálmata. En verano los yates de ricos y famosos dominan sus marinas. Al menos, los que se lo pueden permitir. El magnate multimillonario Roman Abramovich, dueño del equipo londinense de fútbol Chelsea, no puede. La última vez que vino a Hvar su yate tenía tales dimensiones que no cabía por la bocana del puerto.
 
Hvar, de once mil habitantes y 68 kilómetros de largo y 11 de ancho, se esconde entre las islas de Brac y Korcula. Su capital (también llamada Hvar; cuatro mil habitantes) se emplaza en una rada de aguas color blue ivy donde el pantalán se cuela hasta la plaza Mayor. Las casas de piedra caliza ascienden en terraza por un anfiteatro natural hasta la cumbre, ocupada por la Fortica Španjola, una vieja fortaleza medieval que cuenta con unas fabulosas vistas.
Aquí han sido felices desde emperadores romanos como Diocleciano hasta divas contemporáneas del pop como Beyoncé. La cantante norteamericana pasó unos días de vacaciones durante su embarazo. Poco después colgó en internet un vídeo donde se muestra relajada junto a un árbol de la isla, despeinada, descalza, semidesnuda, sin maquillaje, con cara de haberse despertado 15 minutos antes, y en el que acaricia con amor la corteza del tronco por el que trepa una suerte de hiedra de color azul claro, blue ivy. Es el instante en el que decide que su hija se llamará así.



SPLIT, EL SITIO DE SU RECREO (DE DIOCLECIANO)
Para llegar a la isla de Hvar (pronúnciese juar), hay que pasar antes por Split, la segunda ciudad más grande de Croacia tras la capital, Zagreb, con cerca de 200.000 habitantes. Y se agradece. El emperador romano Diocleciano debió de pensar lo mismo hace 17 siglos. Llegó, vio y como sus antepasados ya habían vencido se hizo construir en el 298 d.C. un descomunal palacio de descanso con todo lujo de detalles: se emplearon mármoles italianos, maderas libanesas, piedra de Dalmacia y de las canteras de Brac, columnas de granito rojo, esfinges egipcias y objetos decorativos procedentes de cada rincón del Imperio.



Tanta entrega y despilfarro tuvo como consecuencia una lujosa villa de planta rectangular que ocupa una superficie de 38.000 metros cuadrados rodeados de una muralla. Llegó a albergar a nueve mil personas. La villa se distribuía en torno a dos calles, Cardo y Decumanus, y acogía intramuros, entre otras dependencias, un campamento militar, las estancias de la servidumbre, un templo consagrado a Júpiter, las habitaciones del emperador y el mausoleo donde sería sepultado. Tras abdicar, Diocleciano, que era dálmata, se instaló en el palacio y vivió aquí poco más de su última década de vida. Split nació a principios del siglo IV d.C. a la sombra de este palacio.
 
 
MUSEO VIVO 
Hoy es monumento histórico protegido por la Unesco, y aún viven intramuros tres mil vecinos de Split. El grado de conservación es extraordinario, pero se ha ido adaptando a los usos y costumbres con paso de los siglos: el mausoleo del último emperador romano pagano se convirtió paradójicamente durante el medievo en una catedral católica consagrada a los santos Domnio y Anastasio, martirizados por Diocleciano. Las antiguas residencias de la servidumbre y del ejército son tiendas, bodegas y viviendas. El complejo se completa con fortificaciones medievales, iglesias románicas de los siglos XII y XIII, así como palacios góticos, renacentistas y barrocos. Todo un tratado de arte con vida propia. Un enorme palimpsesto de huellas indelebles del tamaño de cuatro campos de fútbol. Un paseo que es una lección de historia de más de 1.700 años. 



LAS CATACUMBAS
La buena conservación del lugar esconde un asunto desagradable. Los sótanos del palacio imperial permanecieron desocupados durante siglos, por lo que los vecinos hallaron una finalidad a ese espacio vacío. Abrieron agujeros en el suelo de sus casas y empezaron a verter sus basuras. Las catacumbas de Split desempeñaron un rol muy diferente a las de Roma, en las que los primitivos cristianos enterraban a sus muertos y practicaban las ceremonias de culto. Los subterráneos se colapsaron de inmundicias. Cuando comenzó la limpieza a mediados del siglo XX, la podredumbre tocaba las bóvedas. Aún hoy se distingue la altura que alcanzó en las dependencias subterráneas de techos altos.
Sin embargo, gracias a esto los sótanos se conservaron intactos. Desde el primer momento se sucedieron los vecinos que repetían la jugada y renunciaban a limpiar las basuras de los anteriores inquilinos. Ahora, en el lugar donde reinó el detritus, en estas dependencias amplias de piedra reluciente al resguardo del calor en verano y el frío húmedo en invierno, se celebran conciertos y banquetes. Una recomendación gastronómica antes de dejar Split: junto al puerto y el casco antiguo se halla el restaurante Sperun, auténtica cocina tradicional dálmata (calle Sperun, 3).

UN EXTRA: LAS VISTAS AL MAR
Se encuentra en las afueras de Split, a poco más de 15 minutos del centro histórico, y ofrece una fabulosa estampa de los aledaños de la ciudad dálmata que merece mucho la pena: el elegante hotel Le Méridien Lav es uno de los más modernos y lujosos de la ciudad.



Korcula: abraza los tópicos sin pudor
Croacia tiene un millón de islas (advertencia: puede ser una exageración) para satisfacer cualquier gusto e interés; nos fijamos en la isla de Korcula y en la ciudad del mismo nombre porque, aunque no tan cool como Hvar ni dotada con la naturaleza paradisíaca de Mljet, los tópicos que se esgrimen al hablar de ella nos encantan y no podemos estar más de acuerdo con ellos.
Nota a tener en cuenta número uno: para el alojamiento se impone el Lešić Dimitri Palace, un hotel-castillo con un estupendo restaurante de cocina creativa a la altura de las circunstancias. Nota a tener en cuenta número dos: Korcula se pronuncia “Córchula”; una vez memorizado este detalle, no habrá ningún impedimento para disfrutar de la isla croata, entregándonos ferozmente a sus clásicos. 
 
 
LA PEQUEÑA DUBROVNIK"
 
Al cruzar la puerta de acceso al casco antiguo de la ciudad se entiende la comparación con la famosísima Dubrovnik: tejados rojos que asoman sobre un recinto amurallado de calles de piedra blanca que parecen llevar –y en realidad llevan- 500 años congeladas. Pasear por aquí recuerda todo el rato al casco histórico y a las famosas murallas de Dubrovnik pero en más pequeño, menos espectacular, menos turístico, más íntimo y acogedor. Aunque la relación es sobre todo estética y de cercanía física; la República de Ragusa no dominaba esta isla, sino que ésta perteneció a Venecia durante buena parte de sus historia (de ahí la profusión de leones de San Marcos), lo que nos lleva al siguiente punto.



"MARCO POLO NACIÓ AQUÍ"
 
… O no. La cárcel, ese retiro forzado para escritores al que tanto provecho sacaron el marqués de Sade o Marco Polo. Si este último no hubiera sido encarcelado en Génova tal vez nunca habríamos llegado a conocer sus recuerdos/invenciones sobre su alucinante viaje a China; pero lo fue, y de ese encierro su compañero de celda sacaría el material para El millón. Unos cuantos años antes, el navegante vio la luz en esta isla y en esta ciudad, dándole a Korcula un reclamo de esos que dan solera y sirven para montar toda una estrategia de promoción turística: además de dar nombre a numerosos alojamientos, bares y restaurantes, y servir de conversación con los lugareños, hay un museo Marco Polo entregadísimo al kitsch sobre un terreno que pertenecía a una familia Polo del siglo XIII, en la que presuntamente nació el navegante. De ahí pasaría a Venecia, a comerciar auspiciado por la República Serenísima. El resto es historia (o mito).